Cuando hablamos de sexo ¿Qué es Normal?

Si tuviéramos que explicar en qué consiste un encuentro erótico (relación sexual) del mismo modo en el que se redacta una receta de cocina ¿Qué ingredientes tendría? ¿Qué no podría faltar? ¿Cómo debería elaborarse?

 
¡Pongámonos a ello! Te invitamos a coger lápiz y papel para crear, con la única ayuda de la creatividad e imaginación, la que sería para ti una gustosa receta erótica. Y como en cualquier receta culinaria, organizaremos la misma por ingredientes, utensilios y elaboración. ¡Allá vamos!

Ingredientes:

En un encuentro erótico, los ingredientes serían las personas. Y en nuestra particular receta, elegiremos el número de personas (una, dos o más), el sexo de las mismas (hombres, mujeres), sus características físicas (edad, raza...), etc. Cada cual añadirá todo aquello que crea que deben incorporar los ingredientes de esta receta.

Utensilios:

Serán diferentes en función de dónde y cuándo transcurra esta escena erótica o receta personal de placer. Los utensilios pueden referirse al espacio (desde una cama, un coche, un sofá, un avión…) o a  dispositivos y elementos que se puedan usar durante la elaboración (sex-toys, crema, agua, velas, preservativos, comida…).

Elaboración:

Aquí es donde debemos, con todo lujo de detalles, describir la escena de principio a fin.


¿Qué has imaginando?

La cultura y la religión han dictado qué era lo normal. La receta que han querido imponer es aquella representada en el cine más convencionalista de Hollywood: Una pareja joven y heterosexual practica el coito, y tras una buena ración de gemidos, terminan con un orgasmo simultáneo. ¿Es esto lo normal en sexo? Y si tu receta de un encuentro sexual no fuese así, entonces, ¿tu sexualidad no sería normal?. 
 
Una elevada cifra de las consultas que se nos realizan a las y los profesionales de la sexología comienza con esta pregunta “¿Lo que me ocurre es normal?” Todas queremos encajar en el esquema, saber qué es correcto y qué no lo es. Sin embargo, cuando hablamos de quién soy, qué es lo que me pone, y cómo me gusta expresarlo (o sea, identidades, orientaciones y prácticas sexuales), no hay nada escrito. En realidad sí lo hay, muchísimos libros vienen a decirnos lo que es adecuado. Pero si lo pensamos un momento, ¿no resulta extraño que un desconocido nos diga cómo debemos disfrutar de nuestra sexualidad?
 
No quedan tan lejos en la historia ideas como que solo se debe practicar el coito para procrear, el concepto ‘debito conyugal’, el sexo anal asociado a la homosexualidad, y ésta a la enfermedad…. Mitos y falacias con grandes dosis de perversión, una palabra con muy mala prensa y cuyo uso, en este texto, es donde mejor se ajusta.  Gracias a la evolución social, y gracias a la labor del movimiento militante, así como el de ciencias como la medicina, la psicología, y muy especialmente, la sexología, estas ideas han sido derrocadas.
 
En conclusión,  podemos afirmar que hay tantas recetas como personas, y como encuentros. En sexualidad no existe la normalidad. La única norma es que cada persona disfrute de su condición sexual, que se acepte y se exprese en concordancia con su identidad y sus deseos; y respete la de los otros. La conformidad de aquellos implicados en un encuentro erótico, con todas y cada una de las prácticas que éste comporte, es el único límite.
 
Así que, la próxima vez que te preguntes a ti misma si lo que te satisface es normal, primero, párate a pensar si te has visto abocada a cuestionártelo por los condicionantes sociales. En segundo lugar, reflexiona si te sientes a gusto con ello, si te hace sentir bien. Y por último, y cuando se trate de una actividad erótica compartida, plantéate si tu compañera está de acuerdo en realizar esa práctica.
 
Cuando la respuesta a todas estas preguntas sea sí, ya tendrás un paso recorrido hacia delante.