Nos divorciamos ¿Y ahora qué?

Muchas parejas deciden separarse a la vuelta del verano, tras darse la última oportunidad en vacaciones. No superada la prueba, comienza un proceso de separación o divorcio que, aún cuando sucede de mutuo acuerdo, requiere de grandes dosis de control emocional.

Septiembre está asociado a las clases, a los quioscos llenos de colecciones y fascículos y a los cursos de idiomas. Tenemos la sensación de comenzar una nueva etapa, con la energía renovada tras los largos y cálidos días de verano. Y precisamente por esa necesidad de un nuevo comienzo, septiembre es también un mes en el que evaluamos nuestra vida.
Antes del verano, parece que al año aún le quedan muchos días y que hay tiempo de cumplir propósitos y dar solución a los problemas. Sin embargo, una vez volvemos a nuestra vida cotidiana, aquello que no funciona se hace mucho más visible a nuestros ojos.

  ¿Cómo afrontar el proceso de separación o divorcio?

En el momento de la boda, los novios creen que su enlace durará siempre. Y aunque la expectativa de la ruptura no es contemplada, la tasa de divorcio es contundente: en 2014 hubo 100.746 divorcios en España, lo que supone un 5,6% más que en el año anterior. Concretamente en Euskadi, se firmaron 3.881 divorcios. El final de un matrimonio suele desatar un afluente de emociones que incluye rencor, melancolía, ansiedad y miedo. Sentimientos que pueden incrementarse cuando el divorcio es lo último que se espera. Dicho afluente emocional es normal y suele mitigarse con el tiempo. Mientras tanto, conviene no ser duro con uno mismo, ya que algunas investigaciones afirman que las personas que son amables y compasivas consigo mismas manejan mejor las dificultades cotidianas que surgen tras la separación.

Cooperación, comunicación y mediación

El divorcio no debe tomarse como una campo de batalla. La mediación suele ser una buena alternativa para procedimientos judiciales, ya que a veces intentar sacar las cosas adelante por uno mismo puede resultar frustrante y agotador puesto que los problemas que contribuyeron a la separación tienden a reaparecer durante las negociaciones del divorcio. La investigación muestra que la mediación contribuye a mejorar el estado emocional, las relaciones conyugales y las necesidades de las hijas e hijos.
Sentarse y hablar con el que pronto será tu ex puede ser lo último que apetezca hacer, pero la comunicación y la cooperación hacen de la separación un proceso mucho más sano para todas las personas involucradas. Hablar con un terapeuta de pareja puede favorecer la toma de decisiones coordinadas con el mínimo conflicto.
Puede resultar difícil recordar detalles importantes cuando las emociones están a flor de piel. Es importante tomarse un tiempo cuando estemos calmados, para escribir todos los puntos que se quieren discutir. Un vez sentado con tu ex puedes usar esa lista como guia. Tener un guión sobre el que trabajar nos ayuda a dejar las emociones fuera del la comunicación cara a cara.

 Cuando hay hijas e hijos

Aunque es sabido que el divorcio puede resultar una experiencia traumática para las y los hijos, las investigaciones apuntan a que éstos suelen adaptarse en dos años. De hecho, sobrellevan mejor la separación que una relación conflictiva entre sus padres, experimentando muchos más problemas de tipo psicológico o social en éste último caso.
Durante el divorcio, se debe hacer todo lo que sea posible para mantener a hijas e hijos alejados del conflicto, lo que facilita la transición a los pequeños. Puede ser de utilidad para los progenitores hacer un plan y mostrárselo a sus hijos. Manteniendo las vías de comunicación abiertas, los chavales pueden mantener conversaciones sinceras con su madre o padre (madres o padres) acerca de los cambios que la familia está experimentando.
Si es posible, es aconsejable dejar un tiempo entre la comunicación de la noticia hasta que haya que mudarse a una nueva casa o uno de los cónyuges abandone la misma. Minimizar los cambios en los meses siguientes al divorcio resulta beneficioso para hijas e hijos ya que éstos se adaptan mejor cuando mantienen un contacto cercano con ambos progenitores.

Auto-cuidados

Si bien los cambios que la separación y el divorcio conllevan pueden ser apabullantes, durante esta etapa más que nunca, debemos cuidar de nosotros mismos. Es necesario refugiarse en el entorno cercano, recurriendo a la familia y los amigos para que nos ayuden y nos reconforten. Lo grupos de apoyo formal también pueden ayudar a superar muchas de las emociones del duelo.
Para mantener un estado de animo positivo mientras comenzamos un nuevo capitulo en nuestra vida, es interesante realizar actividades que nos gustan pero que hace tiempo que no practicamos, o bien empezar o desarrollar nuevas aficiones. Y por último aunque no menos importante, debemos mantener nuestra mente en forma comiendo de forma saludable y practicando ejercicio.

Cómo te podemos ayudar

El divorcio puede ser un momento difícil para toda la familia. La separación de nuestra pareja y de nuestros hijos puede mejorar si acudimos a un terapeuta de pareja que ayude a todos los miembros de la familia a lidiar con sus emociones y a adaptarse a los cambios. También puede ser adecuado para analizar qué factores fallaron durante la relación de cara a evitar repetir patrones negativos con nuestra próxima pareja.
 
 Artículo original publicado en web de APA. Fuentes estadísticas: INE