Qué es la Transexualidad

Generalmente las personas con quienes hablo definen la transexualidad como “ser un hombre atrapado en un cuerpo de mujer” o viceversa. Sin embargo, si le preguntas a una persona transexual, con frecuencia te dirá que no está de acuerdo, que no está atrapada en ninguna parte y que su cuerpo es el suyo, no uno equivocado.

Foto: Fundación Daniela

Tras oír y leer a muchas personas transexuales hablando sobre sí mismas, creo que la mejor explicación que puedo proponer es la siguiente: 

Un hombre transexual es un hombre, cuyo cuerpo no se parece al de la mayoría de los hombres, sino al de la mayoría de las mujeres.
Una mujer transexual es una mujer, cuyo cuerpo no se parece al de la mayoría de las mujeres, sino al de la mayoría de los hombres.

Y donde dice hombre y mujer, hay que leer también niño, niña y adolescente.

Esta afirmación se refiere al cuerpo con el que han nacido, ya que tanto unos como otras pueden, si así lo deciden, hacer una transición que les permita tener una apariencia y un cuerpo más parecidos a los de las personas de su mismo sexo, y con los que se sientan más a gusto. Pero quiero aclarar que la transición no es cambiar de sexo, ya que eso es imposible, sino adecuar la apariencia y el cuerpo al sexo que ya eres.

Tanto ellas como ellos habitualmente quieren que ser identificadxs, reconocidxs y tratadxs como lo que son: mujeres y hombres, y que el hecho de ser transexuales sea una más de sus características, no la que les identifica. Por eso creo que sería más correcto decir que una persona es “hombre y transexual” o “mujer y transexual”, con la “y” en medio.

Sé que esta idea puede ser compleja de entender, así que voy a ir por reflexionando sobre cada una de estas afirmaciones.

Ser mujer u hombre

Digo que una mujer transexual es una mujer, y un hombre transexual un hombre. Y eso me lleva a la pregunta obvia de qué es ser mujer y qué es ser hombre. ¿Qué nos hace ser del sexo que somos? La respuesta a esta pregunta es muy inquietante, y a mi modo de ver debería ser una gran lección de humildad: no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que no somos hombres y mujeres porque tengamos unos genitales u otros, ni unos cromosomas u otros, ni unas hormonas u otras, ni una educación u otra.

Solo sabemos que es algo que reside en el cerebro, que es quien nos lo hace saber, y quien manda en esto. No podemos discutir con él (nuestro cerebro), es él quien manda. O mejor dicho, podemos discutir, y lo hacemos, lo que no podemos es decidir por él. Si dice que eres hombre eres hombre, si dice que eres mujer, lo eres. Así de simple. Independientemente de la apariencia de tu cuerpo.

Entonces, ¿cómo saber si una persona es hombre o mujer? Se lo preguntas, y lo que te diga, esa es la respuesta. No hay nada más.

Los cuerpos

Luego digo que su cuerpo no se parece al de la mayoría de las personas de su mismo sexo, sino al del sexo contrario. Aquí deliberadamente evito decir que tiene los genitales contrarios, es decir, no quiero decir que se trata de hombres con vulva o mujeres con pene, porque es mucho más que solo eso. Porque además de vulva y pene, tenemos una serie infinita de atributos sexuados que diferencian un sexo del otro. Podemos empezar por algo tan evidente como tener ovarios o testículos, y sus correspondientes hormonas y gametos (óvulos o espermatozoides), así como el resto de los órganos relacionados: útero, cérvix y pechos, o próstata y vesículas seminales, por ejemplo.

También tenemos todo un sistema hormonal que es claramente diferente entre los sexos y que determina multitud de características: la voz, el vello facial y corporal, la fuerza física, los cambios cíclicos, algunas habilidades… en las personas transexuales todo ello se parece más al del sexo opuesto que al propio.

¿Por qué hago énfasis en ello? Porque tiene que ver con la cotidianidad, y como tal es importante. No es lo mismo ser una mujer con o sin nuez en la garganta o barba, o ser un hombre con o sin voz aguda o con la capacidad o no de orinar de pie. Son aspectos que hacen que nos sintamos a gusto con el cuerpo que tenemos, y que nos muestra ante el mundo como lo que somos. También lo menciono porque en algunos casos es fácil olvidarlo, y olvidar que esos órganos hay que cuidarlos (citología si tienes útero, revisar la próstata si la tienes, etc). Y porque si están ahí, pueden ser útiles, como en el caso de varios hombres que han gestado y dado a luz a sus hijos gracias al útero y los ovarios con los que nacieron. Hermoso, ¿verdad?

Por otra parte, digo que sus cuerpos se parecen, no que son iguales a los del sexo opuesto. Hay poca investigación al respecto, pero una excepción interesante es el grupo de Psicobiología del Dr. Antonio Guillamón, en la Universidad de Barcelona . Ellos han estudiado el tamaño de diferentes estructuras cerebrales en hombres y mujeres transexuales, y los ha comparado con los de hombres y mujeres cisexuales.

Resumiendo mucho, han encontrado que en las personas cisexuales el tamaño de algunos núcleos cerebrales sigue dos patrones morfológicos diferentes: masculino y femenino. Y que en las personas transexuales que no han recibido tratamiento hormonal habría un patrón intermedio en algunas de las estructuras, es decir que su tamaño no es femenino ni masculino sino intermedio. Este es solo un ejemplo, y lo que mide es el tamaño de algunas estructuras anatómicas, con las limitaciones que ello conlleva, pero creo que es un punto de partida importante a la hora de estudiar la transexualidad desde un punto de vista biológico.

También digo que se parece o no al de la mayoría de las personas, para recordar que la diversidad es importante. No todas las mujeres somos iguales ni todos los hombres lo son, seamos cisexuales o transexuales.

La transición

Este es otro tema complejo. Se suele pensar que las personas se operan para cambiarse de sexo, y que si no se operan no son transexuales, pero ninguna de las dos cosas es cierta. La transición es un proceso diferente para cada persona. Lo que busca es conseguir una apariencia más acorde con el sexo sentido, o sexo cerebral, o simplemente con tu sexo. Puede consistir en cambiar el vestuario y/o usar hormonas y/o diferentes tipos de cirugía y/o depilación láser del vello facial, por ejemplo. Y puede pasar por muchas otras acciones, dependiendo de lo que cada persona necesite y quiera en cada etapa de su vida. Suele incluir el cambio de nombre y de la mención del sexo, tanto en la vida cotidiana como en la documentación. Esto, aparte de tener un gran efecto emocional, tiene también consecuencias importantes para temas tan fundamentales como la escolarización y el acceso al trabajo. No es igual ser mujer (u hombre) y que tus documentos sean concordantes, a que digan lo contrario y tener que dar explicaciones todos los días.

Muchas personas deciden no pasar por el quirófano, o hacerlo solo para cambiar algunos aspectos y no para otros. Por ejemplo, muchos hombres pueden operarse para quitarse los pechos, pero no buscan la creación de un pene, cirugía que por cierto no ofrece resultados demasiado buenos hoy en día. Igualmente, muchas mujeres deciden posponer o no hacer una cirugía para cambiar su pene por una vagina-clítoris, porque no lo perciben como prioritario. Nuevamente, la diversidad es fundamental; cada persona debe decidir cuándo, cómo y a qué ritmo cambiar aquello que quiere cambiar.

En todo caso, si se pasa por una cirugía, se llama cirugía de reasignación genital, no de cambio de sexo. Cuando se trata de niños, niñas y adolescentes, también pueden querer o no usar bloqueadores hormonales que detengan el desarrollo de sus caracteres sexuales secundarios, y esta es una decisión que debería respetarse siempre. 

La orientación del deseo

No lo he mencionado hasta ahora, pero otro tema que suele causar confusión es el de la orientación del deseo erótico de las personas transexuales. Es decir, si son homo o heterosexuales. Muchas veces he oído la frase: “no entiendo para qué se cambió de sexo si ahora es lesbiana (o gay)”. Pues es que el hecho de ser mujer u hombre no determina que te gusten las mujeres o los hombres, y eso sucede entre los transexuales exactamente igual que entre los cisexuales. Si hemos dicho que una mujer transexual es una mujer, está claro que le pueden gustar lo hombres y/o las mujeres, porque la orientación es diferente de la identidad. E igual para los hombres.

¿Desde cuándo se es transexual?

Pues al hilo de las respuestas anteriores, solo se puede decir que seguramente desde la concepción... Lo que sabemos seguro es que hay peques que lo tienen clarísimo desde que empiezan a tomar conciencia de sí mismos a los 2-3 años de edad. Ya entonces empiezan a preguntar cuándo se van a convertir en lo que saben que son, y a pedir que se les trate como tal. Otras personas lo entienden más tarde, en diferentes etapas de la vida, incluso la adultez.

No tenemos una respuesta clara para esto, y creo que en su reconocimiento influye mucho la cultura en la que se viva y el grado de visibilidad o de estigma que rodeen al tema. Porque si creces viendo que hay otras personas como tú y teniendo libertad para decirlo, igual lo entiendes antes que si nunca has tenido ninguna referencia de nada parecido, y simplemente no sabes que la transexualidad existe.

¿Dónde está el error?

Hace poco discutía sobre este tema con los asistentes a una reunión, y varios de ellos insistían en que en las personas transexuales tenía que haber un error. Que si no fuera así, no necesitarían cambiar nada. Pero los transexuales nos enseñan que no hay un error en ellos, que son simplemente parte de la diversidad, igual que todos/todas. Yo pienso que sí hay un error, pero no en quienes son transexuales sino en los demás, que no entendemos lo que sucede.

Es más, diría que el error está en nuestra sociedad occidental de tradición judeocristiana, que tiene un modelo estricto para explicar el mundo, en el que no cabe nada que se salga de su rigidez. Y lo digo porque en otros grupos humanos, tanto antiguos como contemporáneos, la idea de que una persona pueda tener uno u otro cuerpo siendo hombre o mujer forma parte de la vida cotidiana. Habitualmente se trata de personas muy respetadas porque son consideradas sabias, a las que se les encomiendan labores de sanación y cuidado de los demás, adivinación o narración de las historias tradicionales. Entre los nativos americanos son llamadas “Dos espíritus”, hermosa expresión que muestra que tienen el privilegio de ser duales, de tener más que los demás.  
 


Si tu hijo  dice que no se siente a gusto con el hecho de ser tratado como niño, o tu hija dice que no es una niña, da el paso. Ponte en contacto con las asociaciones de familias de menores transexuales.

Chrysallis cuenta con asociaciones a lo largo y ancho de la península. Si estás en Bilbao, puedes contactar con Chrysallis Euskadi

Además también está la Fundación Daniela, quienes tiene múltiples recursos para entender mejor en qué consiste la Transexualidad.


Texto: Ana María Caro. Sexóloga, médica e investigadora. Trabaja en Amaturum Sexología. 
Post extraído de su web. Para leerlo completo, pincha aquí.