Atreverse a seducir

"Llego el día; ahí estaba yo delante del espejo preparándome mientras en mi cabeza sonaba la canción Me colé en una Fiesta  de Mecano, que dice:

‘Ahí me cole y en tu fiesta me planté
coca cola para todos y algo de comer.
Mucha niña mona pero ninguna sola
luces de colores, lo pasaré bien.

Yo me preguntaba
quién me la puede presentar;
Yo me preguntaba
qué es lo que le voy a contar'

Había cogido la entrada hacía meses. Sabía que él iba a estar allí y estaba dispuesta a desplegar todas mis armas de seducción. Él había quedado con un amigo común a ambos, y yo había quedado con éste en la puerta de la sala de conciertos. A pesar de llevar meses esperando a que llegara el día y de saber que íbamos a estar acompañados de un buen amigo, estaba hecha un manojo de nervios. Cada vez que me encontraba con él me ponía nerviosa y apenas le dirigía la palabra. Me atraía tanto que me sentía tonta cuando se dirigía a mi. Además de la inseguridad y la vergüenza, me daba rabia no ser capaz de ser yo misma."

 

A veces nos llegan a consulta casos como éste. Personas inteligentes, con una vida satisfactoria, y que sin embargo no logran atraer hacia sí a aquellos que les atraen.

Se dice que hay quienes poseen el arte de seducir a todo aquel que se cruza en su camino. Estrellas del cine como Marilyn Monroe o Marlon Brando explotaron esa habilidad en sus carreras. Además, múltiples estudios científicos hablan sobre cómo debemos seducir, y nos dicen la forma en que debemos comportarnos para dar una imagen deseable. Y aunque apuntan algunas ideas interesantes, no hacen incapié en lo que, bajo nuestro punto de vista, es lo más importante; y es que la seducción parte de la propia persona.

Jugar bien al juego de seducción depende, en primer término, única y exclusivamente de ti. De que te conozcas tal cual eres, de que confíes en ti, de que tengas un auto-concepto equilibrado, de que potencies tus valores, de que te gustes, te conozcas y tengas una actitud adecuada ante las circunstancias de la vida. La seducción debe empezar desde ti.  Primero debes seducirte a ti misma para poder seducir a los demás. 

Si bien hasta ahora hemos hablado de seducir en  términos de pareja, nuestro objetivo puede ser un cliente, un público, o nuestra jefa. Se trata, a fin de cuentas, de persuadir a alguien, convencerle para que compre nuestro producto, nuestra idea, o bien de que merece la pena conocernos mejor, ya que poseemos cualidades positivas.

No existe mejor vendedor que el que está convencido de que ofrece el mejor producto. Y cuando el producto eres tú mismo, debes creer que mereces el afecto que buscas. 

Pero volviendo al caso que presentábamos al principio en el que la persona no se atreve o no sabe cómo seducir. Lo que trabajamos en consulta es la idea de la seducción como:

  • Un fin en sí mismo: Disfrutar de proceso de seducción, sin tener más objetivos.
  • Un juego psicológico: En el que a veces se gana y otras se pierde, como parte de las reglas del propio juego.
  • Un estilo propio de comunicación: verbal y no verbal, con la transmitimos una actitud positiva.
  • Un conjunto de habilidades susceptibles de aprendizaje: habilidades sociales y de comunicación que se pueden aprender con ayuda profesional. Usando tus recursos propios, sin imitar a otros.
  • Un comportamiento: Requiere acción. Nadie seduce sin hacer nada. 
  • Promueve la intimidad: Tener relaciones profundas es una necesidad emocional.
  • Disminuye la ansiedad ante los encuentros íntimos: pues sentimos que llevamos las riendas.
  • Fomenta la elaboración de fantasías: como todo juego, promueve la imaginación.


Hablo de la buena seductora como aquella persona proactiva que a partir de ella misma es capaz, desde el aquí y el ahora de: 

  • Buscar lo extraordinario.
  • Convertir las circunstancias difíciles de la vida en retos manejables.
  • Tener sentido del humor.
  • No sufrir por las pequeñeces.
  • Saber sacar la mejor versión de ti misma.
  • Estar receptiva a las señales.
  • Ser capaz de hacerle sentir a la otra persona como un ser especial y único, el foco de su atención.
  • Tener capacidad de escucha, el seductor hace que el otro se sienta escuchado.

 

Así que ya sabes: sedúcete y sedúcele. 

 

Foto: Amelia Fullarton