Si tengo relaciones con personas de mi sexo, ¿Soy homosexual?

 
 ONE National Gay & Lesbian Archives at USC Libraries

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Es posible que lo seas, pero también que no. Es decir, nuestras conductas no definen nuestra orientación sexual, pues la forma en que cada persona vivencia su sexualidad va mucho más allá de sus actos.

Vayamos por partes. Todas las personas somos sexuadas desde antes incluso del nacimiento. El feto se va formando con estructuras sexuales “femeninas” (no encontramos un término mejor para hablar de las partes de nuestro organismo que predominan en las mujeres) y “masculinas”. Ello genera una mezcla única, que da como resultado a un ser sexuado como hombre o mujer, de forma singular e irrepetible.

Este proceso de construcción, crecimiento y evolución iniciado antes de que el bebé nazca es lo que denominamos sexuación, y nos va a acompañar hasta la muerte. Con lo que, nuestra realidad sexual se encuentra en constante cambio. Y se manifiesta a través de:

El sexo, que es lo que somos, hombres o mujeres. Es importante diferenciarlo del género (masculino o femenino), que se refiere a los roles y estereotipos marcados para cada sexo por la cultura.

La sexualidad, que es la forma subjetiva y propia en que cada persona vive, percibe y siente el hecho de ser sexuado, de ser hombre o mujer. En ello intervienen aspectos biológicos, biográficos, sociales, psicológicos, etc.

La erótica, es la manera en que expresamos nuestra sexualidad a través de nuestras conductas, de nuestra forma de interactuar con el mundo que nos rodea.

Como vemos, somos hombres o mujeres con una sexualidad única e irrepetible. Conocernos es clave para aceptarnos y poder expresarnos.

El deseo, como vivencia subjetiva, es parte de nuestra sexualidad. La orientación del mismo puede tender predominantemente hacia un sexo o hacia el otro, o mantenerse equidistante; no es fijo, sino que se mueve y evoluciona con nosotros. En cualquier caso, esta vivencia del impulso erótico no obliga a actuar de una manera determinada. Puedo desear y excitarme especialmente con la interacción o visión de mujeres, pero ello no me obliga a mantener encuentros sexuales sólo con ellas.

Nuestros actos eróticos pueden estar motivados por cuestiones muy diversas, pero siempre hay una decisión en ello. Somos racionales, no actuamos de manera automática llevados por nuestros instintos o sentimientos. La educación recibida, la religión, la sociedad en la que vivimos y nuestras experiencias van a ser determinantes en esas decisiones.

¿Qué lleva a mantener encuentros con personas del mismo sexo siendo hetero?

Las razones difieren en cada persona y caso. A veces tienen relación con uno mismo y otras puede tener mayor peso el contexto.

En el primer caso, mi decisión puede estar motivada por mi situación emocional (desde las ganas de explorar nuevas sensaciones hasta el estar atravesando una crisis, un duelo o un momento de vulnerabilidad, por ejemplo); de la admiración o la atracción por la personalidad de ese alguien (carisma, liderazgo, novedad, similitud..), de la amistad o el compañerismo.

Otras veces es el contexto el que favorece estos encuentros. Hay sociedades y religiones que propician las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo (Grecia Clásica) y otras que las coartan y limitan (Cristianismo). El no tener contacto con el otro sexo puede favorecer las conductas homosexuales. Es lo que ocurre en los centros educativos que segregan por sexo o en las cárceles.

Las últimas noticias hablan de tendencia al alza y hasta le han puesto nombre a aquellos encuentros sexuales entre hombres hetero: Bud Sex. Con este nombre u otro, lo cierto es que ocurre desde siempre.

En definitiva, sólo uno mismo puede conocer cuál es su orientación sexual, al igual que ocurre con la identidad. En ello no valen juicios externos pues se trata de una vivencia subjetiva.

Gabriel J. Martín lo sentencia así: “Ser gay tiene que ver con de quién te enamoras, no con quién te acuestas”.