Por qué no le apetece, a él

La falta de deseo masculina en las relaciones heterosexuales

Parece que la falta de deseo masculina no existiera, porque pocos hombres se atreven a admitir que la padecen. Quizá por eso, en la mayoría de los casos acuden a consulta por iniciativa (a veces ultimátum) de sus parejas. Aún hoy, la virilidad se mide en dosis de deseo, lo que se traduce en que “un hombre de verdad” debe tener ganas, muchas ganas.

No nos entendáis erróneamente; nosotras no estamos de acuerdo con esta aseveración. Sin embargo, vemos cómo permanece tras muchas frustraciones de pareja.

Si los hombres lo llevan mal, ellas no lo hacen mejor. El bajo o nulo deseo de sus parejas les lleva a poner en cuestión su propia feminidad y autoestima. Incluso pueden llegar a dudar de la lealtad a la relación o la orientación sexual de ellos. O está con otra, o es gay.

Por estar en juego su virilidad, los hombres con poco deseo suelen disimularlo eludiendo los momentos de intimidad. Quedarse en el trabajo hasta tarde, hacer planes con amigos o familia, o ver la tele hasta las tantas son recursos frecuentes para evitar que se de la ocasión. Cuando ellas les preguntan, responden que esta falta se debe a cuestiones coyunturales, como el estrés, el trabajo, etc. Pero cuando pasan varios meses y la situación se estanca, ellas empiezan a ponerlo bajo sospecha. 

Cuando hay un bajo deseo lo primero, como siempre, es descartar posibles factores fisiológicos que puedan estar incidiendo en la respuesta sexual del hombre. A partir de aquí, puede haber varios elementos que estén dificultando el impulso erótico masculino.

Una educación sexual restrictiva o las experiencias negativas (abusos sexuales, por ejemplo) son la base sobre la que se cimentan muchas dificultades sexuales. Conviene, cuando es el caso, dedicar un tiempo a re-educar sexualmente al hombre (o a los dos miembros de la pareja), para que pueda tomar una actitud más positiva hacia la sexualidad y la erótica.

En cuanto al estrés, se sabe que si se sufre de forma prolongada puede provocar una disminución de testosterona y un aumento del cortisol; lo que se traduce en una disminución del apetito sexual. Sin embargo, esto no siempre ocurre. En muchos casos, el estrés es consecuencia de una gestión inadecuada del tiempo dedicado al trabajo, el ocio y la familia; así como de no saber relajarse ni desconectar de las preocupaciones. 

La falta de deseo a veces es solo la punta del iceberg, estando relacionada con otra dificultad sexual, como pueden ser los problemas de eyaculación o de erección. El miedo a que el problema inicial aparezca en los encuentros íntimos lleva al hombre a evitarlos; de forma que elude también la frustración y la ira que puede acarrear la aparición de esa dificultad primaria.

Dejar a un lado la rutina o monotonía erótica es clave. Introducir cambios, los que sean: Planead tener un encuentro en un lugar distinto al habitual y a una hora diferente, jugad a cambiar de roles o personalidades, cuidad vuestro aspecto o comprad alguna prenda nueva, practicad nuevos juegos eróticos… En definitiva, tirad de imaginación, siempre con la idea de divertiros, sin ningún objetivo específico.

Ante la falta de deseo, y en gran parte de las dificultades sexuales, es importante hacer equipo. Apoyarse y comprender la situación. Los problemas de pareja son cosa de dos. Y aunque él sea al que menos le apetece hacer el amor, la situación afecta a ambos y por tanto de los dos depende que se pueda dar un cambio positivo al respecto. Por eso es importante hablar de forma sincera, dejando a un lado los reproches para conocer qué es lo que está en la base de la falta de apetito sexual.

Sabemos que esto no siempre es suficiente. En ese caso es conveniente buscar ayuda profesional sexológica, como la que ofrecemos en Borobil. Ponte en contacto con nosotras y te daremos toda la información que precises. 

 

Fuentes: José Bustamante Bellmunt. (2012). "¿En qué piensan los hombres?". España: Paidós.