La agenda oculta en las relaciones

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La agenda oculta no es otra aplicación para llevar al día las tareas pendientes: se trata de algo que casi todos “utilizamos” cuando estamos en pareja y que no solo no nos ayuda sino que nos complica la vida. La buena noticia es que esta agenda se puede (y se debe) reciclar.

La agenda oculta es un cuadernito simbólico en el que vamos anotando lo malo, lo que nos molesta, lo que nos dijo aquel día de enero en el campo y que tan mal nos sentó. Es el diario “del mal”, la libreta negra de nuestra relación. Y como imaginarás tanta “negrura” y tanta anotación negativa no llevan a nada bueno.

Y se llama oculta porque hasta que un día decidimos sacarla a la luz para airear (probablemente en el peor momento) su contenido, la solemos tener guardadita, para que macere bien su contenido.

 

MALA COMPAÑERA EN LA COMUNICACIÓN DE PAREJA

Como decía la agenda oculta no se queda solo en nuestra mente, no, no, no. De vez en cuando, normalmente en mitad de una discusión, cada uno recurre a sus apuntes para cargar las armas y tener munición “de la buena”: Pues anda que tú, que el otro día hiciste lo mismo cuando…. ¡Qué viva el Festival del rencor!

Pero también la usamos en modo “muy secreto”, tan secreto que a veces ni siquiera somos conscientes de ello, en mitad de las discusiones también, pero de otra forma. ¿Cómo? Te lo explico con un ejemplo:

Mónica y Adrián empiezan a hablar de qué van a hacer el sábado que viene. Él dice que lo que le apetece es ir a la playa, a lo que ella le responde rauda y veloz que eso va a ser complicado porque han dicho en el telediario que va a llover casi con total seguridad. “Qué va, si he visto que hace bueno”, dice él. “Lloverá”, dice ella. Y así van calentándose hasta generar una auténtica pelea… por el parte meteorológico.

¿Qué está pasando en realidad y dónde está la agenda oculta en todo esto? La agenda oculta en estos casos, en las discusiones, es el tema real por el que se discute, el que de verdad nos enfada pero que ninguno de los dos verbaliza por lo que permanece oculto, entre líneas secretas.

Siguiendo con el ejemplo, la agenda oculta de él es que quiere ir a la playa porque sabe que si se quedan en casa al final van a terminar comiendo en casa de sus suegros y no le apetece nada ver a su cuñado porque es un bocas, y en el caso de ella la agenda oculta es que no quiere ir a la playa porque en el fondo lo que le apetece es ir al teatro, plan que él ha rechazado ya en no sé cuántas ocasiones… Nota: insisto en que es un ejemplo muy polarizado, para que entendamos el concepto.

Esto es, a grandes rasgos, la agenda oculta. A nivel “oficial” estamos discutiendo sobre el clima, pero en otra capa, en una que solo nosotros a nivel individual conocemos (porque no verbalizamos), estamos discutiendo por otras cosas: la organización de las tareas, algo que nos hirió y que arrastramos, una propuesta que no nos atrevemos a hacer, etc.

 

NUESTRO PASADO QUEDA ANOTADO EN LA AGENDA

Sí, porque todo ese rencorcillo anotado no era poco, en esta agenda, escrito a veces en tinta invisible, queda registrado el bagaje que todos tenemos fruto de las relaciones pasadas y que, queramos o no, nos dejaron su impronta.

Tras una relación que ha terminado todos metemos algo en la mochila de la experiencia, ¿verdad? Por ejemplo esas cosas qué hacía nuestro ex que nos sacaban de nuestras casillas (y que no queremos que se repitan en relaciones futuras) o esas otras que hacíamos nosotros y que claramente no eran positivas.

No, nadie se va de rositas tras una relación. Pues bien, a veces esa marca que nos llevamos puesta nos condiciona la/s siguiente/s relación/es, aunque no seamos muy conscientes. ¿Cómo sucede eso?

Veámoslo también con un ejemplo: tu pareja te dice, por primera vez desde que estáis juntos, que va a hacer tal cosa y tú, inmediatamente, te pones a la defensiva y te sientes molesta. ¿Por qué hemos reaccionado así? Piensa: el malestar viene por algo que verdaderamente ha hecho -o dejado de hacer… o que hará- tu actual pareja..., ¿o viene de más atrás la cosa?

La agenda oculta nos lleva a que salten las alarmas y por tanto reaccionemos, pero la clave es que esa reacción no es por lo que ha hecho nuestra pareja, sino por lo que tenemos en la memoria.

Ojito, que la experiencia es un grado y de cada relación aprendemos cosas valiosísimas, pero en este caso nos referimos a "restos no deseables", a secuelas que no nos interesan ni son productivas para nuestra relación actual.

 

POR QUÉ LA AGENDA OCULTA NO NOS VALE PARA NADA BUENO

En el caso de la experiencia arrastrada de relaciones anteriores la agenda oculta no es funcional porque, puede que te sorprenda, no estamos con la misma persona. Es posible que hubiera conductas, palabras, gestos o decisiones de tus anteriores parejas que te revolvieran el alma y el karma, pero ya no estás con esas personas, así que…

Y en el caso de las discusiones es especialmente contraproducente porque nos aleja del objetivo principal de toda discusión: llegar a un acuerdo. Si lo que nos ha molestado es que nuestra pareja no quiere acompañarnos a tal sitio, por seguir con el ejemplo, ¿cómo pretendemos encontrar solución a ese problema si de lo que le hablamos es de que este sábado va a llover en la playa?.

La agenda oculta hace que el tema que verdaderamente nos genera malestar quede sin resolver, pero nos garantiza una discusión, con lo cual el nivel de frustración y de malestar irá en aumento, ¿no te parece?

En pareja la buena comunicación pasa por afrontar y exponer el tema que nos ocupa y preocupa, no tratarlo tangencialmente. Así que vamos a darle carpetazo a la agenda oculta, que no sirve para nada bueno.

Para dejar de usar esta agenda del mal lo primero es ser conscientes de cuándo la estamos empleando… y a partir de ahí reestructurar nuestro discurso y nuestra conducta para no basarla ni en el pasado ni en algo que no estamos sacando a la luz. Deja de hablar del tiempo y habla de lo que de verdad te importa, ya verás como merece la pena.


Artículo escrito por Mamen Jiménez para Trendencias. Imagen de Giovanna Bravar.