Me ha dejado ¿y ahora qué?

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Hoy me ha llamado María para contarme que su pareja, Eva, le ha dejado. La verdad es que no se ni cómo he llegado a entender sus palabras entre sollozos. Envuelta en un mar de lágrimas, me decía no saber qué había pasado. María admitía que su relación había atravesado una mala racha, pero esto no se lo esperaba. Eva le había dicho que no podía continuar con alguien por la que no sabía qué sentía y eso era lo que más le dolía, desconcertada por la situación en la que le dejaba semejante afirmación. En su atropellado discurso me pedía ayuda, al sentir que su mundo se desmoronaba bajo sus pies y sin saber qué hacer.

Puede que la historia de María no te resulte del todo desconocida. De hecho, quizá ahora mismo estés pasando por una situación similar, y al igual que ella te sientas inmerso en ese primer estado de shock, desorientado y con un vacío interno que lanza al cerebro de forma insistente preguntas sin respuesta “¿Por qué a mí? ¿Cuándo se terminó? ¿Por qué no me di cuenta?”

En una fase inicial del duelo es lógico sentirse así. La mente necesita saber las razones de lo que ha ocurrido. Es más, date permiso para experimentar cada sentimiento. Todo son válidos en el largo proceso para superar la ruptura. Tras ese primer impacto, y hasta volver a tomar las riendas de tu vida, podrías atravesar diferentes estados a los que se ha llamado Fases del Duelo. Un tiempo en el que vivirás emociones de gran intensidad, que irán desde la pena, la culpa, la ira o la resignación.

El duelo supone superar la pérdida de la pareja, pero también de un proyecto, un estilo de vida. La resolución se acerca en el momento en que dejamos de buscar culpables, y asumimos la responsabilidad de lo ocurrido. Y es que, si la construcción de una relación es cosa de dos, la deconstrucción también lo es. Agotado por la gran intensidad de esta dolorosa vivencia, podrás empezar a reconstruirte de las cenizas.

El tiempo para la superación de la ruptura es indeterminado, pues en él intervienen muchos factores tales como la edad de la persona, si hay hijos en común, la capacidad para regular las emociones, la seguridad emocional y apoyo social con el que se cuenta, etc.

A veces, es necesaria ayuda externa. De hecho, el desengaño amoroso es uno de los motivos más frecuentes por los que las personas acuden a terapia. Si te sientes aislado e incapaz de superarlo, puede ser buena idea el acompañamiento de un profesional. Desde Borobil podemos ayudarte.